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Sueños

jueves, 14 de agosto de 2014

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Sueños

Me encanta dormir.

El pensamiento, apenas articulado, inundó el cerebro somnoliento, proporcionándole unos instantes más de tregua. La cálida cueva de mantas y sábanas que le cubrían, como el capullo de una mariposa perezosa, amenazaba con nunca permitir su escape.

¿Y qué más da?, se preguntó, desperezándose con parsimonia. El frío invierno pesaba sobre su ánimo, cosiendo sus párpados contra la realidad, llevándole a buscar un refugio en los sueños.

Últimamente pienso mucho en Clémentine

viernes, 28 de junio de 2013

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Dentro de la casa no se oía ni el vuelo de una mosca. Qué paz… más extraña. La quietud caía sobre las superficies abarrotadas y en buena falta de un lavado como una patina más. Como los años o el polvo, pero esta vez descanso y sol. Todo el hogar parecía soltar un suspiro contento.

Hasta el grito. Rebotó contra las paredes de madera, de un mueble viejo a otro. Escaló por la chimenea hasta esparcirse por el tejado y el bosque circundante. Venía del patio trasero.

A Christian Le Fer lo iban a matar de un susto. Miró a su alrededor. Aún quedaba tanto que hacer y apenas horas de luz.

~ Esta casa es un desastre ~

Masticó un par de veces y escupió la arena contra el suelo situado a escasos centímetros de la nariz. Y, cuando se puso en pie, fue de un salto y moviendo el puño en trayectoria de colisión irremediable. Solo entonces, satisfecha con su venganza, se apartó las rubias trencitas de la cara de un manotazo y llenó los pulmones.

– ¡Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
– Eres una tramposa, Clémentine.

Con seis años, la acusación iba cargada de tintes de Alta Traición y fue recibida como tal. Se lanzó sobre Yvan con la indignación agitando los dos pequeños cuerpos hasta que Chris llegó a separarlos.

Siempre llamaba primero a Benoît pero siempre llegaba él primero. Vigilante como un búho muy delgado tras las gafas demasiado grandes – de monturas heredadas del abuelo. Todo lo que tenían era reciclado, como los muebles y las ropas. Como las advertencias y los cuidados que había recibido de su madre y trataba de pasar a los pequeños. Eran su responsabilidad. Últimamente, parecía que todo era su responsabilidad. Se subió las pesadas gafas por el puente de la nariz y encaró a los niños.

Yvan escupió la sangre y se apresuró a explicarse. Clémentine no se quedó atrás, con la testaruda seguridad de que iba a recibir una regañina que no merecía. De entre la cacofonía de justificaciones que se formó, el sufrido adolescente pudo entresacar la verdad. Suspiró, apretando los dientes y buscando paciencia donde ya casi no quedaba.

– La navaja. – Le pidió a su hermano, con la mano extendida en gesto perentorio. – Di, no puedes pegarle así.
– Porque soy una chica. – gruñó la niña, cruzando los brazos regordetes en ademán belicoso.
– No. Porque eres más fuerte que él y le haces daño de verdad.

Le dirigió una mirada severa y señaló con la navaja requisada los arañazos y moratones que cubrían a Yvan. Después, le devolvió el objeto a su legítima e intacta dueña. Ni un rasguño tenía en la piel que aparentaba ser delicada porcelana.

Estaba planteándose cómo castigarlos sin que implicase descargar su frustración contra ellos ni a gritos ni mucho menos a golpes cuando Ben decidió aparecer. Rompió el silencio enfurruñado con un derrape que lo dejó en el centro del grupo con una sonrisa.

– ¿Dónde está el fuego?

Y lo convirtió en un objetivo más conveniente. Chris había tenido más que suficiente. Se volvió hacia él con tanta fuerza que tuvo que colocarse las gafas.

– ¿Quién tenía que cuidarlos hoy?
– No sé… – Ben, completamente impermeable a la rigidez con la que le hablaba su hermano, empezó a contar con los dedos. – El tío está en rehabilitación, Max y Ed en el campamento de fútbol… ¿A Jér?
– Jér está en la tienda con papá – apuntó Christian, con una mueca. Su cuerpo irradiaba tensión conforme más tiempo malgastaba en la estúpida trifulca. – porque yo tenía que estudiar para los finales.
– Entonces te toca a ti, tíiiiiio. – Rió, Ben.
– ¡No! ¡¡Porque. Yo. Tengo. Que. Estudiar!!

Si había algo que le importaba más a Chris que sacar adelante aquella casa con una semblanza de normalidad y de orden eran sus buenas notas. Para tener un buen futuro. Era una de las pocas cosas que le había inculcado su madre antes… Antes.

Si los ojos le brillaban y temblaba un poquito, nadie lo mencionó. Los niños bajaron la cabeza, asustados. Ben cogió a Clémentine en brazos y la mano menos magullada de Yvan y los llevó a merendar, llenando el silencio de la cháchara alegre que tan bien se le daba. No hubo un problema más en las siguientes horas… hasta los puso a trabajar en la cena, que resultó ser crêpes con Nutella para los ocho.

Y cuando Chris salió de su gruta de estudio bien entrada la madrugada, se encontró una bandeja con comida y una hoja. Sus ojos cansados sonrieron, con más años pesándoles que los dieciséis de su osamenta. Comió los sándwiches de pollo, de foie–gras y de pan de leche y lacasitos naranjas. Ni siquiera corrigió las faltas de ortografía, porque por un rato pudo dejar su puesto de mando.

Lo sientimos mucho mucho mucho Muuuuuuuuuuuucho, Chris. Eres el mejor ermano del mundo :)

Todo iba como tenía que ir.

Drabble 21: Nota

viernes, 31 de mayo de 2013

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– 6,25.
– ¿Sí?
– ¿Qué le darías tú?
– Un ocho. ¡Es Van Damme!

La risa cantarina se deshizo contra su mejilla cuando Clém le echó los brazos al cuello y lo besó allí. A años luz.

– Sim, déjame los chicos a mí, que de esto entiendo. ¡Y aliméntame! – terminó en tono imperioso, acompañado de un mordisquito en el hombro, antes de apartarse.

El abuelo los miraba desde el sofá, agitando la cabeza, ayudando a su nieto pequeño a terminar las cuentas porque la francesita se había rendido.

Retirarse a tiempo. Ya podía tomar nota Simon. Antes de que el daño fuera irreparable. 

Sí que te la hizo buena

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Cálidos y tan lentos y suaves, los besos. Como lentas se rozaban las caderas, juguetonas pero sin pasión real detrás. Las manos de él llevaban todo el tiempo aferradas a las costillas de ella, justo debajo del pecho. Como náufrago a una tabla.

– No está funcionando esto, ¿verdad?
– Lo siento.
– Wordsworth, por favor. – El tono de broma contenía ternura más que otra cosa. – Podría sentirme rechazada, si no estuviera tan terriblemente buena.
– Más buena de lo que mi cama y yo nos merecemos. – Asintió gravemente, con los ojos sinceros y los labios enrojecidos curvados en una pequeña sonrisa.
– Sí que te la hizo buena, ¿eh? – comentó muy bajito, con cuidado, después de un silencio contemplativo. Le apartó el flequillo de la frente para plantar un último beso en ella. – Cain.

Dejó la posición dominante sobre él para acomodarse en su pecho, plegándose contra su costado. El silencio estaba cargado con el ruidoso tragar de saliva de su amigo, quien clavaba los ojos en el techo como si le fuera la vida en ello.

– Está bien, ¿sabes? Si quieres hablar de él o echarle de menos o…

O llorar.

Con todo lo que lo había visto llorar en lo poco que hacía que se conocían, se le hacía extraño lo enquistada que tenía esa pena. Tan secreta, como una gran vergüenza. Suponía que lo era: ella tampoco lloraría o echaría de menos a alguien que no llorase por ella o que, si la echase de menos, lo mínimo que podía hacer era llamar.

– O no, va. Que tampoco hace falta. Pero eso, si quieres contar con mis fabulosos consejos o unos bellos pechos sobre los que llorar, sabes que estoy aquí. – Sintió su risita contra la mejilla más que la oyó y sonrió a su vez. – Lo sabes, ¿no, Hen?  
– Lo sé. – contestó con seguridad, después de apretarla contra sí. Luego, como si aferrarse al humor fuese la única forma de salir de aquel charco conversacional en el que ella lo había tirado a traición, comentó. – Aunque no sé yo si fiarme de tus consejos.
– Deberías, Wordsworth, que sé de lo que hablo. Respeta a tus mayores, hombre. – Le dejó salir. Ya había establecido lo que quería, de todas formas. Que le cubría las espaldas. De todas las formas en las que contaba. – Además, el primer consejo es gratis. Y ya sabes cuál va a ser. – gruñó una queja casi antes de que ella terminase de canturrearle la última frase. – No seas así. Tómate el café, flirtea un rato con un chico guapo al que le gustas, diviértete. No está prohibido. Y ya va siendo hora. Que se te va a freír el cerebro de tanto estudiar, rubio.

Eso le arrancó otra risita sin fuerzas y debió de recordarle algo que le llevó a mostrarle una ilusión. Sus susurros bajos y carismáticos – como nunca lo era su voz cuando no estaba narrando – los acunaron hasta que cayeron rendidos. No era el cansancio que había planeado ella en un principio pero era casi mejor.

Sí, era mejor.

Drabble 93: Meteorología

lunes, 27 de mayo de 2013

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Es rara, la meteorología biológica. Por qué no puedo parar de llorar cuando me estalla la satisfacción en los costados y siento la calidez de su aliento y la protección de su pecho contra mi espalda.

La piel convertida en gravilla helada por el cosquilleo de la excitación y ahí - sí, justo ahí - el trueno de un gemido somnoliento que me dice que está conmigo aunque tan lejos entre sueños.

Vadeo la tormenta. En el mundo de la vigilia, antes de la inyección de cafeína que me llevará por el día. A esto se referían. Felicidad.

Me gusta.

Drabble 22: Chocolate

domingo, 5 de mayo de 2013

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– La primera vez… me tumbó sobre el suelo de madera de su habitación y me cubrió de miel, lamiendo cada gota de mi piel después. – Rió, con los ojos brillantes pero sin derramar ni una lágrima. Estaba tan lejos de allí. – No hacía más que retorcerme y, mientras pude hablar, decirle que era una guarrería y que lo iba a matar...


– Estás borracha.
– También es cierto. – Se dejó caer, desparramando su cuerpo sobre el sofá en ángulos descosidos unos de otros. – De chocolate. Le dije que era de chocolate, con esos ojos.

También era cierto. Y qué más daba ya.


Drabble 29: Sueño

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- Era tu sueño.
- Déjame, los sueños son para los novatos.
- Dice la "adulta" citando Hércules. - Puso tanto énfasis en adulta que podía haberse hecho una contractura en el sarcasmo.

Y bien merecido se lo tendría, el muy imbécil.

- Ah, ¿sí? Pues la cabra tenía razón. Dime, ¿qué he conseguido soñando? ¡¿Adónde narices me han llevado mis sueños de mierda?!
- ¿Ahora mismo? Te han llevado aquí. - Sonrió solo un poquito. - Conmigo.

¿Creía que iba a caer en un truco tan sucio y dejar de discutir?

Pues tenía toda la razón, el maldito manipulador.

Drabble 3: Amortiguar

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Los días pesan; las pesadillas más. Lía quiere ser fuerte. A veces, lo consigue. 

Ahora corre todos los días, hasta que las piernas se doblan y da contra el suelo. La lengua pegada al paladar y el flequillo a las cejas. Se levanta tan temprano. Con la sonrisa bien alta. Un esfuerzo que duele sobre las clavículas.

Respira el aire espeso y hay momentos que se hunde. Pero no se ahoga. Su hermana está ahí y la agarra fuerte de las costillas. Un abrazo que desterra todos los miedos.

No te vas a desvanecer. Si te caes, yo te cojo. 

Playing with old stuff (II)

sábado, 20 de abril de 2013

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[y esa vieja idea proviene de esta chorrada de cuentecillo que se me ocurrió hace mucho. En teoría, han pasado entre 6 y 8 años de esto a lo anterior]

Cuentos de críos

La bruma bailaba sinuosa entre los árboles y revoloteaba al viento, jugando con las hojas muertas. El lugar bullía con una vida ajena para alguien como yo, urbanita por elección. Con curiosidad y desapego, observé un par de bichejos competir por el primer puesto en la escalada del monte Vieja Vans.

Playing with old stuff

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[ando jugando con una vieja idea porque no me apetece trabajar en lo que debo - muy responsable por tu parte, K - y que comenzaría así]

¿Qué te habías creído?

Digan lo que digan, en España no hay sequía. Y, si la hay, ya me gustaría a mí verla.

Me alejo de la ventana y vuelvo al fogón, haciendo malabares con las siete comandas que tenemos en distintos grados de preparación. Me sacudo el flequillo, pegado a la frente por el sudor y me seco las manos pegajosas contra el delantal. Sorteando a mi equipo en la abarrotada cocina, coloco la comida de un par de pedidos en los platos con meticulosidad rayana en la obsesión y pongo éstos al alcance de los camareros, esos seres inferiores que se limitan a transportar cosas sin tirarlas y se quejan de lo difícil que es su trabajo. Una bullabesa es difícil, cielo.

Ciudad de No IV: Fundirse en luz

domingo, 14 de abril de 2013

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Los rayos de sol alancean la cama y le arrebatan el escaso refugio del sueño. Con un quejido, Ojazos se levanta y recuerda repentinamente que no tiene nada que hacer. Nada que hacer, ¿no es sorprendente? Un lujo así en una ciudad tan tirana como No. Se estira en la cama, meditando sobre las posibilidades. La luminosidad rayada que se abre paso por la ventana sucia la asemeja una pequeña tigresa que se despereza antes de la caza.

Proyecto de Marzo. Adictos a la Escritura.

lunes, 26 de marzo de 2012

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Hace poco me apunté al genial blog de Adictos a la escritura, buscando algo que me obligase a escribir cosas diferentes y a practicar con regularidad y hoy, por fin, traigo el primer ejercicio.

Se llama la frase y consiste en lo siguiente. Cada participante propuso una frase al apuntarse y, más tarde, recibió por sorteo la frase de alguno de sus compañeros para escribir un relato corto. Mi frase era: Levantó la cabeza para gritar al cielo su angustia, pero lo que salió de su boca fue un fuerte rugido.

Y, lo que me ha salido de ella ha sido una locura que espero que os guste^^

Drabble 1: Violento

domingo, 18 de marzo de 2012

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1 – Violento

Ante los ruidos, Aaron recorrió el pasillo, alarmado, y abrió la puerta de golpe.

Una habitación perfectamente normal se había convertido en zona catastrófica: ventana abierta de par en par; mesilla volteada sobre la cama, compartiendo precario equilibrio con prendas, papeles y demás objetos inidentificables; suelo cubierto por telas impermeables, al igual que todas las paredes menos una.

En mitad de todo, se erguía Ace, recuperando el aliento, con pintura de un púrpura profundo chorreándole de las manos. Tras ella, el muro mostraba el resultado de un bello ataque pictórico.

Se encogió de hombros.

El arte violento es mi terapia.

Drabble Challenge

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Un drabble es una obra literaria de ficción extremadamente corta, de exactamente 100 palabras, aunque se suele aceptar como drabble cualquier historia corta de menos de 500 palabras. El objetivo de un drabble es la brevedad y poner a prueba la capacidad del autor para expresar ideas interesantes en un espacio muy escaso.
En los concursos de drabbles se proporciona a los participantes un tema y una cierta cantidad de tiempo para escribir. (via wikipedia)

Ciudad de No III: No quiero y debo pintar oscuridad

domingo, 26 de febrero de 2012

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Se me está acabando el negro.

Habré de pintar brillantes escenas diurnas o atardeceres sangrientos hasta que consiga más. Quizás Ojazos y su muchacho me proporcionen imágenes alegres que consignar en mi cuaderno, para las que no lo necesitaré; pero siendo ella como es lo dudo mucho. Lo que es más, a buen seguro, la ciudad no me va a dejar pasar sin ese color, le tiene mucho apego a su oscuridad.

Y los habitantes de No, la polvorienta joya de obsidiana, me llaman a mí oscura. Siniestra incluso.

Ciudad de No II: Lovers like Flames

domingo, 19 de febrero de 2012

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Imagina…

Imagina una noche oscura, no muy diferente de ésta, en la que la lluvia arrasa las callecillas de la ciudad de No, ocultando por un instante la fealdad y la suciedad, desempañando el viejo esplendor de la urbe. No hay luna, pero no hace falta. Las estrellas, más cercanas y brillantes que nunca, cuelgan sobre los edificios como el decorado de un humilde teatro, casi artificiales en su belleza. Irónicamente, se respira paz, algo no demasiado común.

Súbitamente, se rompe la calma de la madrugada. En un primer momento no es más que un sentimiento de desasosiego que turba los corazones. Después, llega a los oídos de los insomnes el primer rastro del disturbio; el rugido de un gran incendio, que prospera a pesar de la lluvia, furioso y crepitante. En el centro, los primeros testigos se arremolinan en torno al edificio más importante de la ciudad, la torre Magenta, que hace más que nunca honor a su nombre. Cubierta de rojas lenguas de fuego, la imponente construcción se tambalea y gruñe bajo su propio peso, creando una visión salida de una leyenda de dragones y batallas.

No muy lejos de allí, una figura pequeña e insignificante corre sin dirección y sin esperanza, como alma que lleva el diablo. Sus pisadas aterrorizadas resuenan a su alrededor y se pierden por los recovecos del peor barrio de No. Huye aunque no le persigan aún. Y todo porque el edificio está en llamas y, por una vez, no es culpa suya.

Ciudad de No I · Introducción

sábado, 11 de febrero de 2012

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[Con el inicio, el finde pasado, de la saga de relatos cortos Mathieu y yo - que actualizaré una vez cada dos o tres semanas - , me ha entrado el gusanillo de sacar esta otra serie. Debo la inspiración, como no, al foro y sus foristas geniales. Son una serie de relatos ambientados en la oscura ciudad de No - antigua Nolan City - y protagonizados por una panda heterogénea de personajillos: un asesino, una niña, un timador, una jugadora de carta... Espero que os gusten]




1.    Introducción



En mi opinión, todas las historias son iguales.

Puede que quieras contradecirme, pero no te lo aconsejo. Soy un tipo peligroso, a mi pesar. Menos de lo que intento aparentar pero más de lo que muchos se piensan. He visto cosas que no creerías. Aunque, claro, ¿por qué ibas a creerme si apenas me conoces?

Por ahora, deberás aceptar mi palabra, ya que estamos aquí atrapados hasta que la lluvia escampe. ¿Qué? ¿Ya no te parece que las paredes de este tugurio te ofrezcan más refugio que la noche intempestiva de ahí afuera? Mala suerte. El destino nos ha deparado este pequeño encuentro y será mejor que no nos resistamos.

Mathieu y yo I

lunes, 6 de febrero de 2012

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- ¿Y qué pasa con la sangre?
- ¿Y qué pasa con la sangre? - replicó de manera atonal, claramente aburrido de mi testarudez.
- Me niego a ir por la vida ansiando beber sangre.
- Tampoco sería tan diferente. Te pasas la vida ansiando comer chocolate.
- Eso... eso es una estupidez. - Y una verdad como un templo. - Sé que no puedo pasarme el día comiendo chocolate y me controlo.
- Exactamente. - Y me sonrió con su exasperante sentido de superioridad.

Por supuesto, me negué a reconocerlo, pero en mi mente el marcador brillaba como el neón, con un resultado no muy halagüeño.

Chupasangre 1 - Listilla 0

Iba a ser una noche muy larga.