He empezado el año vaga, para qué os voy a mentir si no me apetece.
Lo cierto es que me encantan las reimaginaciones de cuentos clásicos - Jackson Pearce no está nada mal y Robin McKinley es genial - pero las Cronicas Lunares de Marissa Meyer no terminaron de engancharme. La ambientación futurista con cyborg y especies venidas de la luna con poderes es muy interesante, pero la historia es sumamente predecible y le falta algo de chispa y animación. Para un rato, no está mal.
Me estuve releyendo la saga de Alpha y Omega, de Patricia Briggs (de la que soy una gran fan gracias a la saga de Mercy Thompson) porque me apetecían hombres lobo y esta mujer escribe mis favoritos. Por mucho que adore a Adam y Mercy, Ana y Charles no se quedan atrás. Me encanta su dinámica dentro de la manada de Marrock y los vistazos que nos dan del todopoderoso Bran y el mundo de las brujas, más ausente de la saga de Mercy (bastante tiene ella con los vampiros y las hadas u.u)
Good fun, no guilt. No hay mucho más que pueda decir de ellas. Son un escapismo fenomenal y si no te ríes con Magnus, estás muerto por dentro :)
Esto es un poco de trampa, realmente. Me empecé este libro hace mucho MUCHO tiempo y, cuando mi kindle me informó de que me quedaba el 20%, tuve que dejarlo. Por algún motivo, no quería pasar por la experiencia de terminar el libro en aquel momento. Era simplemente demasiado triste. Tuve que ver la película (Ni mal. Logan Leman hace lo que puede, Emma Watson No es mi Sam, Ezra Miller está, como siempre, magnífico) para recibir el empujoncito que me faltaba y terminarlo. Es precioso. Y necesito una relectura, cuando lo haya reposado, creo.
¡Qué
Decepción!
La idea y el planteamiento inicial me encantaron y me parecían muy prometedores. Pero la ejecución me pareció torpe, poco verosímil y precipitada. Sin entrar en detalles, no puedes hacer a tu personaje pasar por un trauma que debería haberlo dejado loco perdido y después hacerlo ser completamente coherente y capaz de seguir adelante sin problema. Entre otras cosas. No creo que lea el siguiente, a menos que alguien me spoilee lo suficiente como para picar mi curiosidad.
Oh, Mark Lawrence, let me love you!!
No solo consigue el Logro Abercrombie de hacer que te encante un protagonista realmente terrible (Y Jorg es mucho más retorcido que mi querido Glokta), sino que crea un mundo cercano y creíble a la vez que fantástico y aterrador. Y no te ahoga en descripciones, sino que deja a su Imperio Roto respirar. ¡Una auténtica maravilla!
Sí, caí y me leí el siguiente. Y probablemente caiga de nuevo y me lea el último. O no. Tengo una capacidad de atención muy limitada a las cosas que tampoco es que me interesen mucho. Pero éste mejora con respecto a Cinder. Quizás porque ya está el mundo establecido y podemos continuar con la trama, quizás por la introducción de Thorne, graciosete, y de Scarlet, con más fuerza. Pero, ¿por qué tengo la impresión de que la trama corre por la página como un pollo sin cabeza? ¿Por qué me parece que se podrían haber trenzado este libro y el anterior en uno solo, con más chicha y cosas interesantes? Cansancio vital con las sagas extraalargadas.
Toda la novela es una mentira contada por un narrador poco fiable. Bueno, casi. Me encantan las historias sobre qué es verdad y qué mentira, mundos fantásticos que parecen realistas y personajes carismáticos con muchas facetas. Y no solo hablo de nuestro prota, Gen, el ladrón del título. El Magus, sus aprendices, Pol... todos los personajes de la novela son sorprendentes e interesantes, con una trama que podría ser como una misión-recado de un RPG mediocre y se convierte en mucho más. No puedo esperar hasta leer el siguiente. :)))
Por último, estoy a mitad de Makers, de Cory Doctorow, otro de mis literary crushes of late. El libro es aterrador en su visión del futuro cercano, a la vez que esperanzador. Y cómico. Y grotesto. Y absurdo.
Como la vida misma.
It's 2014! What've you been up to?
No hace un año aún pero, uy
Y ni siquiera fui consciente hasta que mi compañera de piso me lo señaló, anonadada. Porque ¿qué leches has estado haciendo, K?
Y ni siquiera fui consciente hasta que mi compañera de piso me lo señaló, anonadada. Porque ¿qué leches has estado haciendo, K?
I know, right?
Pues vamos a ver:
- Intenté el NaNoWriMo, con un éxito digamos... no muy exitoso. Acabé escribiendo mucho más de lo que lo hago normalmente PERO no llegué al límite. Y la historia necesita mucha revisión. Y ser terminada. Y un título. Más en el siguiente post.
- He estado leyendo mucho y enamorándome sucesivamente de: Scott Lynch, Cory Doctorow, Mark Lawrence y Megan Whale Turner.
- Me he mudado a mi propia cuevita de relax y he descubierto que escribo mucho más de esta manera.
- Me he embarcado en cuatro proyectos simultáneos (no, no es lo más inteligente que he hecho nunca. Yo también lo opino) Un par son compartidos, un par individuales. De uno de ellos os hablaré en un futuro post.
Y creo que... eso ha sido todo por ahora. Sí, lo sé, mi vida es una fiesta continua.
Yo también os quiero.
Últimamente pienso mucho en Clémentine
Dentro de la casa no se oía
ni el vuelo de una mosca. Qué paz… más extraña. La quietud caía sobre las
superficies abarrotadas y en buena falta de un lavado como una patina más. Como
los años o el polvo, pero esta vez descanso y sol. Todo el hogar parecía soltar
un suspiro contento.
Hasta el grito. Rebotó
contra las paredes de madera, de un mueble viejo a otro. Escaló por la chimenea
hasta esparcirse por el tejado y el bosque circundante. Venía del patio
trasero.
A Christian Le Fer lo iban
a matar de un susto. Miró a su alrededor. Aún quedaba tanto que hacer y apenas
horas de luz.
~ Esta casa es un desastre ~
Masticó un par de veces y
escupió la arena contra el suelo situado a escasos centímetros de la nariz. Y,
cuando se puso en pie, fue de un salto y moviendo el puño en trayectoria de
colisión irremediable. Solo entonces, satisfecha con su venganza, se apartó las
rubias trencitas de la cara de un manotazo y llenó los pulmones.
–
¡Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen!
– Eres una tramposa, Clémentine.
Con seis años, la acusación
iba cargada de tintes de Alta Traición y fue recibida como tal. Se lanzó sobre
Yvan con la indignación agitando los dos pequeños cuerpos hasta que Chris llegó
a separarlos.
Siempre llamaba primero a
Benoît pero siempre llegaba él primero. Vigilante como un búho muy delgado tras
las gafas demasiado grandes – de monturas heredadas del abuelo. Todo lo que
tenían era reciclado, como los muebles y las ropas. Como las advertencias y los
cuidados que había recibido de su madre y trataba de pasar a los pequeños. Eran
su responsabilidad. Últimamente, parecía que todo era su responsabilidad. Se
subió las pesadas gafas por el puente de la nariz y encaró a los niños.
Yvan escupió la sangre y se
apresuró a explicarse. Clémentine no se quedó atrás, con la testaruda seguridad
de que iba a recibir una regañina que no merecía. De entre la cacofonía de
justificaciones que se formó, el sufrido adolescente pudo entresacar la verdad.
Suspiró, apretando los dientes y buscando paciencia donde ya casi no quedaba.
– La navaja. – Le pidió a
su hermano, con la mano extendida en gesto perentorio. – Di, no puedes pegarle
así.
– Porque soy una chica. –
gruñó la niña, cruzando los brazos regordetes en ademán belicoso.
– No. Porque eres más fuerte
que él y le haces daño de verdad.
Le dirigió una mirada
severa y señaló con la navaja requisada los arañazos y moratones que cubrían a
Yvan. Después, le devolvió el objeto a su legítima e intacta dueña. Ni un
rasguño tenía en la piel que aparentaba ser delicada porcelana.
Estaba planteándose cómo
castigarlos sin que implicase descargar su frustración contra ellos ni a gritos
ni mucho menos a golpes cuando Ben decidió aparecer. Rompió el silencio
enfurruñado con un derrape que lo dejó en el centro del grupo con una sonrisa.
– ¿Dónde está el fuego?
Y lo convirtió en un
objetivo más conveniente. Chris había tenido más que suficiente. Se volvió
hacia él con tanta fuerza que tuvo que colocarse las gafas.
– ¿Quién tenía que
cuidarlos hoy?
– No sé… – Ben,
completamente impermeable a la rigidez con la que le hablaba su hermano, empezó
a contar con los dedos. – El tío está en rehabilitación, Max y Ed en el
campamento de fútbol… ¿A Jér?
– Jér está en la tienda con
papá – apuntó Christian, con una mueca. Su cuerpo irradiaba tensión conforme
más tiempo malgastaba en la estúpida trifulca. – porque yo tenía que estudiar
para los finales.
– Entonces te toca a ti,
tíiiiiio. – Rió, Ben.
– ¡No! ¡¡Porque. Yo. Tengo.
Que. Estudiar!!
Si había algo que le
importaba más a Chris que sacar adelante aquella casa con una semblanza de
normalidad y de orden eran sus buenas notas. Para tener un buen futuro. Era una
de las pocas cosas que le había inculcado su madre antes… Antes.
Si los ojos le brillaban y
temblaba un poquito, nadie lo mencionó. Los niños bajaron la cabeza, asustados.
Ben cogió a Clémentine en brazos y la mano menos magullada de Yvan y los llevó
a merendar, llenando el silencio de la cháchara alegre que tan bien se le daba.
No hubo un problema más en las siguientes horas… hasta los puso a trabajar en
la cena, que resultó ser crêpes con Nutella para los ocho.
Y cuando Chris salió de su
gruta de estudio bien entrada la madrugada, se encontró una bandeja con comida
y una hoja. Sus ojos cansados sonrieron, con más años pesándoles que los
dieciséis de su osamenta. Comió los sándwiches de pollo, de foie–gras y de pan
de leche y lacasitos naranjas. Ni siquiera corrigió las faltas de ortografía,
porque por un rato pudo dejar su puesto de mando.
Lo sientimos mucho mucho mucho Muuuuuuuuuuuucho,
Chris. Eres el mejor ermano del mundo :)
Drabble 21: Nota
– ¿Sí?
– ¿Qué le darías tú?
– Un ocho. ¡Es Van Damme!
La risa cantarina se deshizo contra su mejilla cuando Clém
le echó los brazos al cuello y lo besó allí. A años luz.
– Sim, déjame los chicos a mí, que de esto entiendo. ¡Y aliméntame!
– terminó en tono imperioso, acompañado de un mordisquito en el hombro, antes
de apartarse.
El abuelo los miraba desde el sofá, agitando la cabeza,
ayudando a su nieto pequeño a terminar las cuentas porque la francesita se
había rendido.
Retirarse a tiempo. Ya podía tomar nota Simon. Antes de que
el daño fuera irreparable.
Sí que te la hizo buena
Cálidos y tan
lentos y suaves, los besos. Como lentas se rozaban las caderas, juguetonas pero
sin pasión real detrás. Las manos de él llevaban todo el tiempo aferradas a las
costillas de ella, justo debajo del pecho. Como náufrago a una tabla.
– No está
funcionando esto, ¿verdad?
– Lo siento.
– Wordsworth,
por favor. – El tono de broma contenía ternura más que otra cosa. – Podría
sentirme rechazada, si no estuviera tan terriblemente buena.
– Más buena de
lo que mi cama y yo nos merecemos. – Asintió gravemente, con los ojos sinceros
y los labios enrojecidos curvados en una pequeña sonrisa.
– Sí que te la
hizo buena, ¿eh? – comentó muy bajito, con cuidado, después de un silencio
contemplativo. Le apartó el flequillo de la frente para plantar un último beso
en ella. – Cain.
Dejó la posición
dominante sobre él para acomodarse en su pecho, plegándose contra su costado. El
silencio estaba cargado con el ruidoso tragar de saliva de su amigo, quien
clavaba los ojos en el techo como si le fuera la vida en ello.
– Está bien,
¿sabes? Si quieres hablar de él o echarle de menos o…
O llorar.
Con todo lo que
lo había visto llorar en lo poco que hacía que se conocían, se le hacía extraño
lo enquistada que tenía esa pena. Tan secreta, como una gran vergüenza. Suponía
que lo era: ella tampoco lloraría o echaría de menos a alguien que no llorase
por ella o que, si la echase de menos, lo mínimo que podía hacer era llamar.
– O no, va. Que
tampoco hace falta. Pero eso, si quieres contar con mis fabulosos consejos o
unos bellos pechos sobre los que llorar, sabes que estoy aquí. – Sintió su
risita contra la mejilla más que la oyó y sonrió a su vez. – Lo sabes, ¿no,
Hen?
– Lo sé. –
contestó con seguridad, después de apretarla contra sí. Luego, como si
aferrarse al humor fuese la única forma de salir de aquel charco conversacional
en el que ella lo había tirado a traición, comentó. – Aunque no sé yo si fiarme
de tus consejos.
– Deberías,
Wordsworth, que sé de lo que hablo. Respeta a tus mayores, hombre. – Le dejó
salir. Ya había establecido lo que quería, de todas formas. Que le cubría las
espaldas. De todas las formas en las que contaba. – Además, el primer consejo
es gratis. Y ya sabes cuál va a ser. – gruñó una queja casi antes de que ella
terminase de canturrearle la última frase. – No seas así. Tómate el café,
flirtea un rato con un chico guapo al que le gustas, diviértete. No está
prohibido. Y ya va siendo hora. Que se te va a freír el cerebro de tanto
estudiar, rubio.
Eso le arrancó
otra risita sin fuerzas y debió de recordarle algo que le llevó a mostrarle una
ilusión. Sus susurros bajos y carismáticos – como nunca lo era su voz cuando no
estaba narrando – los acunaron hasta que cayeron rendidos. No era el cansancio que
había planeado ella en un principio pero era casi mejor.
Drabble 93: Meteorología
Es rara, la meteorología biológica. Por qué no puedo parar
de llorar cuando me estalla la satisfacción en los costados y siento la calidez
de su aliento y la protección de su pecho contra mi espalda.
La piel convertida en gravilla helada por el cosquilleo de
la excitación y ahí - sí, justo ahí - el trueno de un gemido somnoliento que me
dice que está conmigo aunque tan lejos entre sueños.
Vadeo la tormenta. En el mundo de la vigilia, antes de la
inyección de cafeína que me llevará por el día. A esto se referían. Felicidad.
Me gusta.
Drabble 22: Chocolate
– La primera vez… me tumbó sobre el suelo de madera de su
habitación y me cubrió de miel, lamiendo cada gota de mi piel después. – Rió,
con los ojos brillantes pero sin derramar ni una lágrima. Estaba tan lejos de
allí. – No hacía más que retorcerme y, mientras pude hablar, decirle que era
una guarrería y que lo iba a matar...
– Estás borracha.
– También es cierto. – Se dejó caer, desparramando su cuerpo
sobre el sofá en ángulos descosidos unos de otros. – De chocolate. Le dije que era
de chocolate, con esos ojos.
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